El ejercicio: auténtica medicina a cualquiera edad.
El ejercicio es auténtica medicina a cualquier edad.
La evidencia científica lo respalda de forma contundente, desde la infancia hasta la vejez avanzada. Organizaciones como la OMS, Mayo Clinic, NIH y múltiples consensos internacionales lo consideran una de las intervenciones más potentes, seguras y accesibles para prevenir, tratar y mejorar la calidad de vida frente a decenas de enfermedades.
Beneficios según etapas de la vida
- Niños y adolescentes → Mejora el desarrollo óseo y muscular, fortalece el sistema cardiovascular, reduce el riesgo de obesidad, potencia el desarrollo cognitivo, motor y la salud mental (menos depresión y ansiedad).
- Adultos jóvenes y de mediana edad → Previene enfermedades crónicas (cardiovasculares, diabetes tipo 2, varios cánceres, hipertensión), controla el peso, mejora el estado de ánimo, reduce estrés y ansiedad, y aumenta la longevidad.
- Adultos mayores → Reduce mortalidad por todas las causas y cardiovascular, previene caídas y fracturas, conserva independencia y fuerza muscular, mejora equilibrio, función cognitiva, sueño, salud mental y retrasa el deterioro (incluyendo demencia y fragilidad).
- Reduce el riesgo de más de 30 enfermedades crónicas.
- Sus efectos son comparables (o superiores en algunos casos) a medicamentos para problemas como diabetes, corazón, depresión o rehabilitación post-infarto.
- Es dosis-dependiente: cuanto más (hasta cierto punto) y mejor adaptado, mayor beneficio.
- No tiene casi contraindicaciones reales cuando se prescribe bien; el verdadero riesgo es la inactividad.
- Adultos: al menos 150–300 min/semana de actividad moderada (caminar rápido, natación, ciclismo) o 75–150 min de vigorosa (correr, HIIT), más entrenamiento de fuerza 2+ días/semana.
- Mayores: añadir equilibrio y fuerza para prevenir caídas.
- Niños/adolescentes: 60 min diarios de actividad moderada-vigorosa.










