Los bancos rusos obligados a financiar la guerra: por ahí puede perder Putin.
La idea de que los bancos rusos están siendo obligados a financiar la guerra en Ucrania, y que esto podría convertirse en un punto débil para Putin, tiene base en la realidad económica actual de Rusia en 2026.
Desde el inicio de la invasión a gran escala en 2022, el Kremlin ha dirigido masivamente recursos financieros hacia el sector de defensa y las empresas relacionadas con la guerra.
Los bancos estatales o controlados por el Estado (como Sberbank, VTB, Promsvyazbank y otros) han sido instrumentos clave para canalizar créditos preferenciales a la industria militar, constructores de defensa y sectores prioritarios para el esfuerzo bélico. Esto no siempre ha sido "voluntario" en términos comerciales: muchas veces se trata de directrices estatales implícitas o explícitas, con préstamos a tasas bajas o reestructuraciones que ocultan riesgos.
En los últimos meses (finales de 2025 y principios de 2026), han surgido señales claras de que esta estrategia está generando costos ocultos muy altos:
Putin ha respondido con medidas fiscales duras (subida del IVA al 22% en 2026, impuestos progresivos, recortes en otros gastos), pero estas erosionan el consumo interno y generan descontento. El boom de guerra de 2023-2024 se está agotando: inflación controlada pero volátil, tasas altas (alrededor del 16% en el Banco Central), escasez de mano de obra y sanciones que limitan tecnología e importaciones.
En resumen: sí, obligar a los bancos a financiar la guerra está creando una vulnerabilidad estructural creciente. No es un colapso inmediato (el sistema está muy estatizado y hay reservas), pero prolongar el conflicto aumenta el riesgo de una crisis bancaria o fiscal que obligue a Putin a replantear prioridades. Si el "bill" de esa deuda oculta llega de golpe (defaults en cadena, necesidad de rescates masivos), podría ser uno de los factores que más debiliten su posición interna a mediano plazo.
Los bancos estatales o controlados por el Estado (como Sberbank, VTB, Promsvyazbank y otros) han sido instrumentos clave para canalizar créditos preferenciales a la industria militar, constructores de defensa y sectores prioritarios para el esfuerzo bélico. Esto no siempre ha sido "voluntario" en términos comerciales: muchas veces se trata de directrices estatales implícitas o explícitas, con préstamos a tasas bajas o reestructuraciones que ocultan riesgos.
En los últimos meses (finales de 2025 y principios de 2026), han surgido señales claras de que esta estrategia está generando costos ocultos muy altos:
- Los préstamos problemáticos (non-performing loans) superan el 11% del total en el sistema bancario ruso, cruzando el umbral que los estándares internacionales consideran crisis sistémica. En algunos segmentos (préstamos sin garantía), llega al 12%.
- El primer banco del top-10 por activos ha reportado pérdidas netas en periodos recientes, algo raro en años anteriores.
- Analistas independientes (como Craig Kennedy, ex Morgan Stanley) estiman que Rusia ha forzado entre 210.000 y 250.000 millones de dólares en préstamos preferenciales a empresas de defensa desde 2022. Muchos de estos créditos son de dudosa calidad y podrían generar defaults masivos si la guerra se prolonga, lo que obligaría al Estado a rescatar bancos o absorber pérdidas directamente (duplicando de facto el costo real del gasto militar).
- Bancos como VTB han visto colapsar sus ingresos por préstamos (hasta -49% en algunos trimestres de 2025), con defaults en sectores como defensa, metales, construcción y hasta petróleo/gas.
Putin ha respondido con medidas fiscales duras (subida del IVA al 22% en 2026, impuestos progresivos, recortes en otros gastos), pero estas erosionan el consumo interno y generan descontento. El boom de guerra de 2023-2024 se está agotando: inflación controlada pero volátil, tasas altas (alrededor del 16% en el Banco Central), escasez de mano de obra y sanciones que limitan tecnología e importaciones.
En resumen: sí, obligar a los bancos a financiar la guerra está creando una vulnerabilidad estructural creciente. No es un colapso inmediato (el sistema está muy estatizado y hay reservas), pero prolongar el conflicto aumenta el riesgo de una crisis bancaria o fiscal que obligue a Putin a replantear prioridades. Si el "bill" de esa deuda oculta llega de golpe (defaults en cadena, necesidad de rescates masivos), podría ser uno de los factores que más debiliten su posición interna a mediano plazo.










