China acaba de terminar un imán de 582 toneladas. ¿Para qué?

 




China acaba de validar y probar con éxito un gigantesco imán superconductor de 582 toneladas y 21 metros de longitud.

¿El objetivo? Ganar la carrera mundial de la fusión nuclear y lograr energía limpia, barata e ilimitada replicando el proceso físico que ocurre en el interior del Sol (el famoso "sol artificial").

¿Cuál es la función de este imán?

En un reactor de fusión nuclear, el combustible (gas de deuterio y tritio) debe calentarse hasta convertirse en plasma a temperaturas extremas que superan los 100 millones de grados Celsius (seis veces más caliente que el núcleo del Sol).

Como no existe ningún material en la Tierra capaz de soportar semejante calor sin derretirse, la única forma de contener ese plasma es "hacerlo flotar" en el vacío.

Aquí es donde entra este coloso de 582 toneladas: es un imán de campo toroidal diseñado específicamente para generar un escudo magnético ultra potente que confina, estabiliza y da forma a ese plasma ardiente para que jamás toque las paredes del reactor.

Las claves de este hito técnico

Este avance de la Academia China de Ciencias (probado en la ciudad de Hefei) no es solo una demostración teórica; es un golpe de autoridad industrial por tres motivos principales:

  • Supera al proyecto internacional: Su volumen es un 30% mayor y triplica la capacidad de almacenamiento energético de los imanes desarrollados para el ITER (el megaproyecto internacional de fusión situado en Francia en el que colaboran más de 30 países).

  • Independencia tecnológica total: El 100% de los componentes (desde el acero estructural hasta los materiales aislantes y los superconductores de alta temperatura) han sido fabricados íntegramente en China.

  • La jugada económica: Paralelamente, los ingenieros chinos han logrado reducir en un 75% el coste de la cinta superconductora clave para estas bobinas (pasando de 400 a 100 yuanes por metro). Esto demuestra que su meta no es solo la ciencia, sino ser capaces de fabricar reactores comerciales a escala industrial antes que nadie.

El plan de Pekín es utilizar este tipo de tecnología para lograr la primera ignición en su reactor experimental de nueva generación (BEST) hacia 2027 y empezar a demostrar la viabilidad de generar electricidad real mediante fusión en torno a 2030.

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