El impuesto que no se vota y lo sufren más los pobres.
Me refiero, sin duda, a la inflación (a menudo denominada el "impuesto silencioso" o "impuesto invisible").
Aunque técnicamente no es un tributo aprobado por un parlamento ni fijado en el boletín oficial, funciona en la práctica como un impuesto regresivo por varias razones fundamentales:
1. Ausencia de voto democrático
A diferencia de los impuestos directos (como el IRPF o el Impuesto sobre Sociedades), ningún gobierno somete a votación un aumento de la inflación. Surge de dinámicas macroeconómicas, tensiones en las cadenas de suministro, shocks de oferta o políticas monetarias expansivas (emisión de moneda y bajadas de tipos de interés). Sin embargo, erosiona el poder adquisitivo del ciudadano exactamente igual que si le subieran los impuestos.
2. Mayor impacto en las rentas más bajas
La inflación es fuertemente regresiva por la estructura del gasto de cada hogar:
Estructura del consumo: Los hogares con menores ingresos dedican la mayor parte (o la totalidad) de su presupuesto a bienes de primera necesidad (alimentos, energía, vivienda, transporte). Estos bienes suelen ser inelásticos —no se pueden dejar de consumir— y, además, han liderado los repuntes de precios en los últimos episodios inflacionarios.
Sin margen de ahorro: Las familias con rentas altas pueden absorber las subidas de precios reduciendo su tasa de ahorro o desplazando su consumo hacia marcas más económicas. Las familias vulnerables no disponen de ese colchón.
Tipos de activos: Las personas de mayor poder adquisitivo suelen protegerse manteniendo patrimonio en activos reales (bienes inmuebles, acciones) que tienden a revalorizarse con la inflación. En cambio, las rentas bajas mantienen sus escasos recursos en efectivo o depósitos bancarios no remunerados, donde la pérdida de valor es directa y completa.
3. La "progresividad fría" (Progressive tax drag)
Incluso dentro del sistema tributario formal, la inflación genera un fenómeno conocido como progresividad fría o drag fiscal: si los salarios suben nominalmente para compensar el coste de la vida pero los tramos del impuesto de la renta no se deflactan (ajustan a la inflación), el contribuyente acaba pagando un porcentaje mayor de impuestos sobre un sueldo que, en términos reales, vale lo mismo o menos.
«La inflación es la forma de tributación que puede ser impuesta sin legislación.»










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