Tras la fuga de capitales se fugaran los poseedores: Rusia.
El dinero no tiene patria, pero quienes lo poseen sí tienen pasaporte e incentivos para buscar seguridad legal, patrimonial y personal.
Ese proceso de fuga de capitales seguida por la fuga de sus titulares (empresarios, tecnócratas, profesionales cualificados y familias con recursos) ya ha dejado huella en la estructura social y económica de Rusia:
Pérdida irreversibles de capital humano: Quienes se van son precisamente los vectores de innovación, emprendimiento y conexión con los mercados globales.
Vaciado de las clases medias urbanas: La salida de estos perfiles priva a las grandes ciudades (Moscú, San Petersburgo) del motor económico independiente del Estado.
Aumento de la dependencia estatal: Quienes se quedan dependen cada vez más de subsidios, empleo público o contratos vinculados al complejo militar-industrial.
Al final, la fuga combinada de capital y de personas no derrumba necesariamente a un régimen autoritario a corto plazo, pero sí acelera su degradación estructural: transforma a una potencia en una economía rígida, envejecida, extractiva y subordinada a los pocos socios exteriores que le restan.
Putin solo tiene la opción de huida hacia adelante, como los grandes dictadores de la historia.










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