¿Qué papel tienen que tener la familia y el sistema educativo en la formación de los hijos?
El papel de la familia y el sistema educativo en la formación de los hijos es complementario y esencial para su desarrollo integral, abarcando aspectos académicos, emocionales, sociales y profesionales. Ambos deben trabajar de forma coordinada para preparar a los jóvenes para un mundo complejo y competitivo, especialmente en un contexto como el de España, donde problemas como la precariedad laboral y el difícil acceso a la vivienda están influenciados por la calidad de la formación. A continuación, detallo los roles específicos de cada uno, cómo se interrelacionan y su impacto en los desafíos mencionados, manteniendo el enfoque en el contexto español y utilizando datos relevantes.1. Papel de la familia en la formación de los hijosLa familia es el primer entorno de socialización y aprendizaje, y su influencia es determinante en múltiples dimensiones:
- Fomentar valores y actitudes: Los padres deben inculcar valores como la responsabilidad, el esfuerzo, la resiliencia y el respeto, que son fundamentales para el éxito académico y profesional. Por ejemplo, un estudio de la OCDE (2022) muestra que los estudiantes cuyos padres refuerzan la importancia del esfuerzo obtienen, en promedio, 15-20 puntos más en pruebas como PISA.
- Apoyo emocional y motivación: La familia proporciona un entorno de seguridad emocional que fomenta la autoestima y la confianza. En España, donde el 5,8% de la población adulta sufre ansiedad crónica (Informe PRESME, 2020), el apoyo emocional familiar es clave para mitigar el impacto de la presión académica o laboral.
- Hábitos de estudio y disciplina: Los padres deben supervisar y fomentar rutinas de estudio, como horarios regulares o espacios adecuados. En España, solo el 60% de los padres de primaria participa activamente en actividades escolares (Ministerio de Educación, 2023), lo que indica que hay margen para mejorar esta implicación.
- Orientación vocacional: Los padres deben guiar a sus hijos en la elección de trayectorias educativas y profesionales, ayudándoles a alinear sus intereses con las demandas del mercado. Sin embargo, en muchos casos, la falta de conocimiento sobre sectores emergentes (como tecnología o FP dual) limita esta orientación, contribuyendo a que el 37% de los graduados universitarios esté sobrecualificado para sus empleos (Banco de España, 2023).
- Modelo de conducta: Los padres son un referente directo. Sus actitudes hacia el trabajo, la educación y la gestión financiera influyen en los hijos. Por ejemplo, en familias donde los padres tienen empleos precarios (46,9% de los asalariados, según PRESME), los hijos tienden a normalizar la inestabilidad laboral, lo que puede desmotivarlos a perseguir estudios superiores o carreras estables.
- Apoyo económico y logístico: En un contexto donde el 20% de las familias está en riesgo de pobreza (INE, 2024), los padres con recursos limitados enfrentan dificultades para proporcionar clases extraescolares (que benefician al 30% de los estudiantes de secundaria) o acceso a tecnología, lo que amplifica la brecha educativa.
- Formación académica de calidad: Las escuelas deben garantizar competencias básicas en matemáticas, lectura, ciencias y habilidades digitales. En PISA 2022, España obtuvo resultados cercanos a la media de la OCDE (474 en matemáticas, 475 en lectura, 485 en ciencias), pero el estancamiento desde 2006 y la brecha de 80 puntos entre estudiantes de entornos favorecidos y desfavorecidos reflejan la necesidad de mejoras.
- Desarrollo de habilidades prácticas: El sistema debe priorizar la Formación Profesional (FP) y las competencias STEM para alinear la educación con las demandas del mercado. En España, solo el 12% de los estudiantes opta por FP, frente al 25% en países como Alemania, donde la FP dual logra tasas de empleabilidad del 70-80%.
- Reducción de desigualdades: La escuela pública debe compensar las carencias de las familias con menos recursos, ofreciendo tutorías, recursos digitales y programas de refuerzo. Sin embargo, la inversión en educación (4,1% del PIB en 2022, frente al 4,9% de la OCDE) limita esta capacidad.
- Orientación profesional y personal: Las escuelas deben implementar programas de orientación vocacional desde etapas tempranas para ayudar a los estudiantes a elegir trayectorias alineadas con sus intereses y el mercado laboral. Actualmente, la falta de orientación contribuye al abandono escolar temprano (13,9% en 2022, superior al 9,6% de la UE).
- Formación en habilidades blandas: Además de conocimientos técnicos, el sistema educativo debe fomentar habilidades como el trabajo en equipo, la resolución de problemas y la comunicación, que son esenciales para entornos laborales modernos.
- Prevención del abandono escolar: Programas específicos para colectivos vulnerables (como inmigrantes o estudiantes de entornos desfavorecidos) son clave para reducir el abandono escolar, que perpetúa la precariedad laboral.
- Comunicación constante: Los padres deben participar en reuniones escolares, tutorías y actividades para estar al tanto del progreso de sus hijos. En España, la baja participación (solo el 60% de los padres de primaria está involucrado) sugiere que falta una cultura de colaboración familia-escuela.
- Compensación mutua: El sistema educativo debe apoyar a los estudiantes de familias con menos recursos o implicación, mientras que los padres deben reforzar en casa lo aprendido en la escuela. Por ejemplo, programas de refuerzo escolar podrían compensar la falta de apoyo en hogares con padres que trabajan largas jornadas.
- Orientación conjunta: Las escuelas pueden educar a los padres sobre las oportunidades laborales y educativas, especialmente en sectores como la FP o las STEM, para que guíen mejor a sus hijos.
- Apoyo a familias vulnerables: El sistema educativo puede ofrecer talleres para padres sobre habilidades parentales, gestión del tiempo o orientación vocacional, especialmente en comunidades desfavorecidas.
- Precaridad laboral: Una educación deficiente, ya sea por falta de apoyo familiar o por un sistema educativo ineficaz, lleva a los jóvenes a empleos temporales o mal remunerados (el 46,4% de los jóvenes de 20-24 años tiene contratos temporales). Una familia que fomenta el esfuerzo y un sistema que ofrece formación relevante pueden aumentar las posibilidades de acceder a empleos estables y bien pagados.
- Acceso a la vivienda: Los bajos ingresos derivados de empleos precarios (media de 1,200 euros/mes para menores de 30 años) hacen imposible pagar alquileres de 1,000 euros en ciudades como Madrid o Barcelona. Una educación sólida, respaldada por la familia y el sistema, mejora la empleabilidad y los ingresos, facilitando la emancipación (solo el 14,8% de los jóvenes de 16-29 años está emancipado en España).
- Desigualdad intergeneracional: Sin una educación de calidad, los hijos de familias con menos recursos quedan atrapados en un ciclo de pobreza, mientras que los de familias más implicadas y con acceso a mejores escuelas tienen mayores oportunidades. Esto perpetúa la brecha de acceso a la vivienda y a empleos de calidad.
- Familias: La precariedad laboral de los padres (46,9% de los asalariados en condiciones precarias) y la falta de formación limitan su capacidad de implicación. Además, la sobreprotección o la falta de límites en algunos hogares puede dificultar el desarrollo de la autonomía.
- Sistema educativo: La baja inversión (4,1% del PIB), las reformas educativas inestables (como la LOMCE o la LOMLOE) y la desconexión con el mercado laboral dificultan la preparación de los jóvenes. La falta de recursos en la escuela pública también agrava las desigualdades.
- Contexto socioeconómico: La pobreza (20% de las familias) y la presión económica reducen la capacidad de las familias para invertir en educación y de las escuelas para compensar esas carencias.
- Para las familias:
- Participar activamente en la vida escolar (reuniones, actividades).
- Fomentar hábitos de estudio y valores como el esfuerzo y la resiliencia.
- Informarse sobre el mercado laboral para orientar a los hijos hacia carreras con futuro.
- Para el sistema educativo:
- Aumentar la inversión en educación pública para reducir desigualdades.
- Fortalecer la FP dual y las competencias STEM para mejorar la empleabilidad.
- Implementar programas de orientación vocacional y apoyo a familias vulnerables.
- Colaboración familia-escuela:
- Crear programas de formación para padres sobre apoyo educativo y orientación profesional.
- Establecer canales de comunicación regulares entre docentes y familias.
- Ofrecer recursos (como tutorías gratuitas o actividades extraescolares) para compensar las limitaciones de las familias con menos recursos.










