“El efectivo: el secreto mejor guardado de la política moderna”





💵 El efectivo: el secreto mejor guardado de la política moderna

En una era donde todo se vuelve digital —pagos, identidad, información— el dinero físico parece un vestigio del pasado. Sin embargo, el efectivo sigue vivo, y no por nostalgia. Su supervivencia tiene una razón poderosa: beneficia también a quienes gobiernan.

Los políticos suelen defender la digitalización por motivos de eficiencia, seguridad y control fiscal. Pero, al mismo tiempo, nunca eliminan del todo el dinero en metálico, porque saben que este representa un espacio de libertad y opacidad que el sistema digital no permite.

El efectivo ofrece algo que ninguna criptomoneda ni moneda digital del banco central puede garantizar: discreción. Permite movimientos financieros fuera del radar, donaciones sin trazabilidad, y operaciones informales que lubrican los engranajes del poder. En política, la transparencia absoluta no siempre conviene, ni siquiera a quienes la promueven.

Así, el dinero físico se mantiene como una especie de válvula de escape institucional, útil tanto para los ciudadanos que quieren privacidad como para los propios políticos que necesitan margen de maniobra.

Quizás por eso, pese a la expansión de los pagos digitales, el efectivo nunca desaparecerá por completo. No solo porque defiende la libertad individual, sino porque protege los secretos del poder.


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